Una visión del Cristo Glorioso.

 Yo, Juan, soy hermano de ustedes, y por mi unión con Jesús tengo parte con ustedes en el reino de Dios, en los sufrimiento y en la fortalezas para soportarlos. Por haber anunciado el mensaje de Dios confirmando por Jesús, me encontraba yo en la isla llamada Patmos. Y sucedió que en el día del Señor quedé bajo el poder del Espíritu, y oí detrás de mí una fuerte voz, como un toque de trompeta, que me decía:

"Escribe en un libro lo que ves, y mándalo a las siete iglesias de la provincia de Asia: a Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea." Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba; y al hacerlo vi siete candelabros vi a alguien con apariencia humana, vestido con una ropa que le llegaba hasta los pies y con un cinturón de oro a la altura del pecho.


Sus cabellos eran blancos como la lana, o somo la nieve, y sus ojos parecían llamas de fuego. Sus pies brillaban como bronce pulido, fundido en un horno; y su voz era tan fuerte como el ruido de una cascada. En su mano derecha tenia siete estrellas, y de su boca salia una aguda espada de dos filos. Su cara era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.

Al verlo caí  a sus pies como muerto. Pero él, poniendo su mano derecha sobre mó, me dijo: "No tengas miedo: yo soy el primero y el ultimo, y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre. Yo tengo las llaves del reino de la muerte. Escribe lo que has visto: lo que ahora hay y lo que va a haber después.

Este es el secreto de las sietes estrellas que has visto en mi mano derecha, y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas representan a los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros representan a las siete iglesias.







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